
El mes de abril ha supuesto un punto de inflexión en el comportamiento de los mercados financieros, marcando el paso desde un entorno dominado por la estabilidad y el “carry” hacia un régimen caracterizado por una mayor volatilidad, incertidumbre geopolítica y un renovado protagonismo del riesgo inflacionista. Este cambio no ha sido gradual, sino más bien abrupto, reflejando un reajuste profundo en la forma en que los inversores valoran los riesgos macroeconómicos. El principal catalizador de este cambio ha sido la intensificación del conflicto en Oriente Medio, especialmente por sus implicaciones sobre el suministro energético global.
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